Hay un objeto de deseo con el que nuestra amiga Car (conocida ya por todos) suspira, para en cada página que osa mostrarlo, lo señala y dice entre susurros ‘algún día’. Entonces nos miramos los tres, asentimos y volvemos la página, y retrocedemos, y avanzamos, atrás, adelante y así en bucle. Si lo divisamos en directo, ya es tema aparte, para vernos.
Luego está la historia de Marion Cotillard, que es muy fuerte. Fue a perseguirlo a París enfundada en Lady Noir…
Una vez conseguido el must have, no tuvo bastante y voló a Nueva York a lo Lady Rouge…
Poca variedad consideraba en su haber y se trasladó hasta Shangay para conseguir una pieza única en su especie. Una operación digna de Lady Blue…
Tres colores básicos, tres colores intensos, pero quería más, se había convertido en una droga y en Londres se convirtió en Lady Grey…
Pero mira, bonita, que yo te tengo como tótem de la gran pantalla, que te veo y me tiemblan las rodillas, que me derrito si esos ojos azules me miran fijamente, pero cuando ya te he visto en Los Ángeles sujetando el Lady Dior multicolor, con la excusa de que pega con todo, con la mirada al infinito en plan ‘uy, me han pillado, pero que no se note’, rollo turista ego blogger, con esa piscinorra de fondo, las letras de Hollywood en lontananza y el pelo oreando al viento, como que no. No se necesitan tantos bolsos, te hemos pillado con el carrito del helado y tú has aprovechado la excusa para darte la vuelta al mundo en cinco Lady Diores…
Que no te lo reprochamos, sino envidiamos tu astucia, y desde aquí hago un llamamiento a los Diorettes: yo tengo total disponibilidad para viajar y no me importaría hacerlo si es con el Chiffre Rouge en la muñeca, para tener controlado el tema del jet lag y tal…
Take care,
Javo

