“Quizás no deberíamos abrir la boca nunca más”. “Tienes razón…”. Y se dibujan sendas sonrisas. Y continuamos andando. Paseando. Lento. Sin prisa. En silencio. Como dos sombras entre el frío cortante.
Empujamos la puerta. Suena el tintineo del avisador que cuelga sobre ella. El calor nos invita a pasar. Nos dejamos caer sobre los sofás curtidos por el paso del tiempo. “Dos cafés, por favor”. Nos miramos. Nos entendemos. Una conversación que no necesita palabras. “¿Qué hemos hecho?”. “¿Dónde nos hemos metido?”.
Las horas pasan y el único sonido que se escucha es el de la máquina de café. El mutismo sigue resultando la mejor compañía. Damos el último sorbo del agua sucia que nos han servido. Nos levantamos. Salimos. Sabemos dónde nos dirigimos. No hace falta hablar.
Las horas pasan. Los días pasan. Las semanas. Los meses. Y otra vez aquí.
Ante los dichosos 12 segundos que te recuerdan todo. La película del año. Nuestro año. Pero qué más da. Cada 12 meses decimos lo mismo: ha sido EL año. Y luego nunca es verdad, porque llega el siguiente.
Nos miramos. Nos entendemos. Una conversación que no necesita palabras. “¿Qué hemos hecho?”. “¿Dónde nos hemos metido?”. La risa floja. La carcajada de saber que, sin pronunciar palabra, hemos estado pensando en lo mismo.
En los buenos momentos. Qué típico. En los malos. En los días rojos. En las sorpresas. En las tardes de pensar. De filosofar. De risa de dolor de tripa. En las de ‘te imaginas que…’. Cuando el imaginar pasa a convertirse en realidad. Vuelcos al corazón. En aquella locura de verano. En las locuras. Bailes sin control. En hacer click y disponer de pasaporte a una nueva aventura. En los gritos de emoción. En las personas. Esas que están ahí sin hacer ruido. Sin hacerse notar. Pero que están. Que saben cuándo estar. Las que te ponen los pies en la tierra. Las que ponen una mano en el hombro cuando se necesita. Las que te traen un helado en el momento justo. En los encuentros casuales que se convierten en verdaderas amistades. En situaciones que pasan a ser normales, pero que no lo son. En las sonrisas cómplices…
¡Un último toque! Nos esperan. Nos espera…
“¿Tienes miedo de 2012? ¿Y si no es lo que esperábamos?”. “Lo será”. Nos agarramos fuerte de la mano. “¿Empezamos?”. “Empezamos”.Take care,
Javo




